Vol.4 Nuestros invitados especiales y cosas deliciosas en este otoño

Hola,

 

El invierno se acerca a Miyama. ¿Cómo estáis todos?

 

Este pasado otoño vivimos un momento especial para nosotros. ¡Tuvimos unos invitados muy especiales que vinieron a visitar nuestra posada!

 

Los invitados especiales eran ni más ni menos que los antiguos inquilinos de la casa, la última familia que vivió aquí antes que nosotros. Para ser más precisos, el padre de la familia es el hermano de la ex propietaria de la casa. Él nació aquí, creció aquí, se casó aquí y vivió en esta casa hasta que sus hijos entraron a cursar primaria.

 

Su nombre es Toru. ¡Sí, tiene el mismo nombre que el mío! Y además, el apellido de su esposa es Morimoto, igual que el mío. Y sorprendentemente, la esposa de su hijo es española. Como ya sabéis, mi mujer, Tina, también es de España. Y para hacerlo todo todavía más sorprendente si cabe, su hijo y su esposa española se mudaron a España al mismo tiempo que Tina y yo nos mudamos a Miyama desde España.

 

¿Son solo coincidencias o es el destino…? No lo sé. Por lo general, no soy supersticioso, pero esta vez no puedo evitar sentir algún tipo de conexión invisible. No siento que acabamos de comprar esta casa y nos mudamos a vivir aquí sin más, sino que siento que de algún modo fuimos conducidos a Miyama para mantener y cuidar esta antigua casa tradicional japonesa.

 

¿Estoy pensando demasiado?

 

Esta casa tradicional con techo de paja fue construida hace unos 110 años por el abuelo de Toru. Esta foto en color de la casa fue tomada hace tiempo, pero aún se puede ver el techo de paja. En la siguiente imagen se puede ver a su abuelo (centro izquierda), la madre de su abuelo (centro derecha) y la esposa de su abuelo (derecha), su hijo que es el padre de Toru (izquierda). La galería junto a ellos y el almacén que aparece al fondo del jardín aún existen.

 

Esta vez, Toru vino a visitarnos con su hijo y su hija. Ambos vivían aquí cuando eran pequeños, y el padre de la esposa de Toru. Mientras la esposa española de su hijo y Tina hablaban en español, la familia de Toru me contó muchas historias interesantes de esta casa. Realmente lo pasamos bien y disfrutamos de la barbacoa.

 

Justo después de la visita de nuestros invitados especiales, comenzó el frío por la mañana y por la noche en Miyama. Luego llegó la temporada de cosecha.

 

Nuestros tres árboles de caquis dieron muchos caquis, pero la mayoría de ellos fueron picoteados por pájaros y cayeron al suelo. Logramos recoger solo algunos. No me decepcioné mucho porque estaba seguro de que estos caquis eran amargos. Pero un día, probé uno, ¡y sorpresa! ¡era muy dulce! Especialmente buenos eran los pequeños caquis llamados Kubogaki, originarios de Kioto, del árbol que se encuentra a la entrada de nuestra casa rural. Decidí que el próximo año pelearía con los pájaros para que no se me coman todos los caquis. Ahora empezamos a creernos la “leyenda” que nos contó nuestra anciana vecina, quien nos contó que un oso venía a comer caquis en este árbol hace mucho tiempo.

 

Como siempre, nuestros vecinos nos siguen regalando verduras, y ahora recibimos verduras de otoño como castañas, shiitake, frijoles, boniato…. Es un privilegio que nos demos cuenta del paso de las estaciones por los regalos de nuestros vecinos.

 

Todas las verduras de otoño estaban buenísimas, pero lo mejor de todo resultó ser las “castañas cocidas con piel interior astringente” que hicimos con castañas que nos regaló nuestro vecino. Había oído antes que preparar este dulce era realmente difícil. Por primera vez en la vida, probamos hacer “castañas hervidas con piel interior astringente”. En realidad, fue más trabajoso que difícil.

 

Siguiendo la receta que encontré en internet, pusimos las castañas en agua hirviendo y las hervimos durante unos 2 minutos. Luego, las enfriamos rápidamente en hielo.

 

A partir de aquí todo el proceso fue como un duro castigo. Hay que pelar solo la piel exterior una a una con el cuchillo, dejando que la piel interior se adhiera perfectamente a la castaña. Solo tenemos que seguir concentrándonos en pelar la dura piel exterior de las castañas. Si podemos. Pero, la realidad era algo así como, «¡Oh, Dios mío, quité la piel interior de nuevo!» Las manos comienzan a doler. Empezamos a perder fuerza y concentración… no es fácil si quieres hacer muchas.

 

Esto fue solo la preparación. Después de pelarlas todas, ahora comenzamos a COCINAR.

 

Ponemos a hervir agua y las castañas peladas con 10g de bicarbonato de sodio durante 20 minutos para deshacernos del amargor. Luego, lavamos las castañas suavemente una a una. Repetimos este proceso dos veces. En realidad, cuando lavas las castañas, se supone que debes limpiar bien con un pincho de bambú para dejar la piel interior perfectamente lisa. ¡Pero nos saltamos este proceso porque era demasiado para nosotros! (Creo que no afecta tanto al sabor aunque no se verán tan bien como quien las limpia con un pincho de bambú).

 

Después, ponemos las castañas en una olla y las cubrimos con agua y añadimos 1/3 de la cantidad total de azúcar y las ponemos a hervir durante 20 minutos y luego las dejamos enfriar durante 30 minutos. Repetimos este proceso tres veces. Realmente lleva tiempo…. Solo este proceso de hervir con azúcar necesita unas 3 horas. Si la piel interna de la castaña esta dañada, las castañas comienzan a desmoronarse en pedazos durante este proceso. Por lo tanto, es muy importante pelar la piel exterior sin dañar la piel interior.

 

De todos modos, fue muy duro, pero el resultado fue asombroso. ¡Las castañas parecen una joya marrón! Y el sabor … más allá de la imaginación. ¡Después de comerlas ya habíamos olvidamos lo difícil que era y queríamos prepararlas de nuevo!

 

Mientras tanto, el invierno se acerca a Miyama. Los huéspedes de casa comenzaron a usar la estufa de leña. Miyama tuvo muy poca nieve en los últimos dos años, pero muchos aldeanos llevan tiempo diciendo que este año tendremos mucha nieve. Siguiendo sus predicciones, estamos un poco preocupados pero bastante emocionados de ver nieve.

 

Bueno, eso es todo por hoy. Os escribiré pronto de nuevo. ¡Cuidaros!

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